Por carlos lópez-aguirre
¿Y cómo suena un sentimiento? Seguro que sonaría a música. Y cada sentimiento vendría acompañado con los ritmos de cada persona, de su cultura, de su experiencia, de sus pensamientos. Así que al unirlos con otros, de aquella mezcla resultaría una melodía única cargada de diferencias. Por eso, cuando Dani dice que “Robadors 51 es un sentimiento”, lo dice con absoluto convencimiento.
Dani, colombiano, y Mati, alemán, son las cabezas visibles de Robardors 51, pero por la agrupación han pasado decenas de músicos que han aportado sus ideas, permitiendo a la agrupación permanecer en un estado de experimentación continua.
Fueron hijos de la calle y serán amantes de la música por siempre. La calle les permitió a Mati y Dani conocerse y empezar a tocar. La química musical fue total y desde el principio comenzaron a probar la combinación de diferentes ritmos. Y hasta el día de hoy su objetivo es que ninguna canción se parezca a otra compuesta anteriormente.
“No queremos encasillarnos en un estilo”, comenta Dani. Mati, por su parte, asegura que no tienen idea de cuántos músicos de diferentes nacionalidades han pasado por Robadors 51.
Para encontrarlos actualmente hay que dirigirse a una tranquila calle del Poble Sec y recorrer un laberíntico piso hasta llegar a un sótano reconvertido en un moderno, y acogedor, estudio de grabación. Ahora esa es su guarida, su laboratorio donde realizan sus experimentos, aunque hasta el día de hoy añoran cuando la calle era su territorio.
“Todas nuestras primeras canciones nacieron con las experiencias de la calle, pero todo eso terminó por el factor Ayuntamiento”, comenta Dani. Quien no tiene reparo en asegurar que el intentar controlas las expresiones artísticas de la calle, Barcelona ha entrado en un retroceso cultural que con el tiempo será más notable.
Mati también es contundente al afirmar que en estos momentos la ciudad ya comienza a sufrir la falta de turistas que venían a la ciudad por la fama de su ambiente en las calles. “Algunos de mis amigos que trabajan en hostelería dicen que ya no viene tanta gente”, comenta.
Ambos coinciden en la idea de que Barcelona comienza a ser una ciudad artificial. “Ya parece Disneylandia”, comenta Dani. Por su parte Mati lamenta que aparte de controlar a los músicos callejeros, también las autoridades hayan cerrado varios establecimientos donde se tocaba música en vivo. Así que cada grupo, cada músico, cada intérprete, ha tenido que adaptarse a esta nueva situación.
La adaptación de Robadors 51 se basó en concentrarse en la grabación de sus canciones y en la combinación de ritmos. Hoy podemos escuchar una de sus canciones con un ritmo cercano al joropo, distinguimos con nitidez el sonido de un cuatro, esa pequeña guitarra tan latinoamericana y de repente comienza a escucharse una voz que canta en Criol, una lengua africana interpretada por un cantante de Guinea Ecutorial.
O luego en otra canción puede aparecer Master con un tukussungnalan, un instrumento de su país, Senegal, creado con una lata de leche y una cuerda de guitarra. O también podemos escuchar un Sitar y de repente nos damos cuenta que todo es distinto y a la vez todo es igual y confluye en una sola canción sin chirridos ni estridencias.
Dani y Mati esperan por fin sacar el disco después de tres años de grabación. Será la culminación de un proceso que continuará y esperan algún día volver a la calle a reencontrarse con esa familia que los hizo unirse para formar ese sentimiento que lleva por nombre Robadors 51.